Freitag, 6. Juli 2018

Sohbet de la Semana 27-18


Sohbet (27 - 18)

Ibn’Arabi cuenta una historia de Al-Andalus, sobre lo que experimentó 
con Abu ‘Abdallah Muhammad B. Ashraf al-Rundî


Abu 'Abdallah al-Rundî era de Ronda y fue uno de los siete Sustitutos. Solía caminar por las montañas y las costas y evitó las zonas habitadas durante casi treinta años. Fue profundo en su visión espiritual, dado al llanto, la oración y el ayuno. A menudo, absorto en contemplación, escribía con el dedo en el polvo, levantaba la cabeza y respiraba profundamente, produciendo un zumbido en el pecho. Su éxtasis fue intenso y sus lágrimas copiosas.

Yo solía ​​asociarme con él y hacerle compañía, lo que lo animaba y le causaba felicidad. Él venía de una familia rica y noble.

Un día partí de Sidonia, rumbo a la costa en busca de otros hermanos. Un cierto joven imberbe que buscó asociarse conmigo me siguió, así que lo llevé conmigo. Como era viernes, me detuve en el pueblo de Rota para asistir a las oraciones del viernes. Entré en la mezquita de la comunidad y realicé dos ciclos (rak'âts) de la oración. Esta mezquita era muy frecuentada por los piadosos en la noche, ya que era el hospicio de Hasan, un hombre famoso por su gracia interior.

No había estado allí mucho antes de que llegara Ibn Ashraf, yo estaba recostado en la mezquita, golpeando mi pecho con la mano y cantando algunos versos:


Enseñando dientes como perlas,
revelando la plenitud de Su rostro,
el tiempo no puede contenerlo,
pero mi pecho lo alberga.

Nosotros todos estamos muy en sintonía el uno con el otro, así que no fue una sorpresa que a la mañana siguiente llamaron a mi puerta, y al responderla encontré afuera a un hombre de la selva. Él me preguntó: '¿Eres tú Muhammad b. Al'Arabi?’ Cuando le dije que sí, me contó de un hombre de apariencia deslumbrante que había encontrado entre Marchena y Purchena, que le dijo: 'Si vas a Sevilla, dile a Ibn’Arabi que al-Rundî le envía sus saludos'... Y añadió que yo debería viajar en paz y que me encontraría, insh'allah, a mi regreso a Sevilla.

Fue exactamente como dijo, y dos días después de mi regreso a Sevilla me encontré con al-Rundî y pasé la noche con él en la casa de Abû 'Abdallâh al-Qastîlî.

Una de las cosas por las que era bien conocido era su práctica de sentarse en una alta montaña cerca de Moron. Una noche, un hombre estaba en la montaña y vio un pilar de luz tan brillante que no podía mirarlo. Cuando se acercó, descubrió que era al-Rundî sentado en oración. El hombre se fue al pueblo y le contó a la gente lo que había visto.

Al-Rundî se ganaba la vida como recolectora de manzanilla en las montañas que vendía en la ciudad. Él era un hombre analfabeto. Un día le pregunté acerca de su llanto. Al-Rundî respondió que había jurado nunca más invocar la maldición de Dios contra ningún ser; lo había hecho una vez, y el hombre había perecido, y al-Rundî se había arrepentido profundamente desde entonces.

Él era una misericordia para el mundo. Más que esto, no puedo decir en este momento.

*       *       *

Cordialmente

Puran 

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