Freitag, 20. April 2018

Sohbet de la Semana 16-18


Sohbet (16 - 18)

Ibn’Arabi cuenta una historia de Al-Andalus, 
sobre lo que experimentó 
con Abu 'Abdullah Muhammad al-Khayyat, el sastre. 

Había dos hermanos de Sevilla con quienes yo mantenía compañía en ese lugar hasta el año 590/1194, cuando se dispusieron a realizar el Peregrinaje a La Meca.

Abu ‘Abdallâh llegó al Camino mucho antes de su hermano. Era un hijo muy filial y atendió las necesidades de su madre hasta que ella murió. Tanto era él dominado por el temor de Dios que el latir de su corazón durante la oración se podía escuchar desde la distancia. Lloró mucho y guardó largos períodos de silencio, siempre triste y pensativo y propenso a suspirar.

Nunca he visto a nadie más humilde, siempre con la cabeza inclinada y su mirada hacia el suelo. Se mezcló con nadie. Era un hombre libre de hipocresía, fuerte en consejo, firme en fe, irreprensible y paciente aunque afligido por pobreza y desgracia.

También era un hombre de gran influencia interior y poder; y cuando yo era joven y estudiaba el Corán con él, le tenía mucho aprecio, siendo él uno de nuestros vecinos. Cada vez que entró en una mezquita, todos los que lo veían le mostraban respeto. Nunca fue el primero en hablar y solo respondió cuando era realmente necesario. Deseé mucho ser como él y su hermano. Me uní a él y obtuve gran beneficio de su conducta y ejemplo. Él también estaba muy amical conmigo.

Soportó todo mal de los demás mientras se abstenía de infligirlo él mismo. Sus visiones eran verdaderas y disfrutó mucho de la conversación con su Señor. Sus noches las pasó en oración y sus días en ayuno. Nunca se quedó inactivo y se empeño asiduamente en aprender.

Cuatro de nosotros, él y su hermano, un compañero y yo, solíamos reunirnos, todos compartiendo igualmente las visiones que nos llegaban en esas ocasiones. Nunca conocí mejores días que esos.

Nuestra casa estaba a cierta distancia de la suya, y una noche sucedió que, mientras escuchábamos la llamada a la oración de la caída de la noche, sentí un fuerte impulso tanto de estar con él como de volver a casa, sin saber qué camino tomar. Después de haber elegido el primero, me dirigí a su casa, donde lo encontré de pie en medio de la habitación con su cara hacia La Meca. Su hermano estaba rezando. 

Cuando lo saludé, él sonrió y dijo: ‘¿Qué es que te mantuvo? Mi corazón estaba concentrado en ti porque tienes algo contigo que necesito’. De hecho, yo tenía cinco dirhams en mi bolsillo y se los entregué. Explicó que un médico, 'Ali al-Salawi había llamado y él que no tenía nada que darle. Luego volví a casa.

Abu 'Abdallâh solía asistir en persona a las necesidades de los pobres, beneficiándolos con comida y ropa. Él era de hecho un hombre muy amable y comprensivo, tratando a los jóvenes con piedad y a los viejos con respeto. A cada ser humano le dio lo debido, y muchos le debían a él, mientras que su única deuda era con Dios. De esta manera, siempre lo he encontrado, que Dios nos acepte a ambos en Su perdón. 

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Cordialmente

Puran 

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