Freitag, 22. September 2017

Sohbet de la Semana 38-17


Sohbet 38-17

Musharaff Khan cuenta de su tiempo con Inayat Khan en Calcuta

Inayat Khan tenía veintisiete años cuando llegé a quedarme con él en Calcuta. Unos meses antes había salido de Hydrabad, donde había vivido bajo la guía de su Murshid durante tres años. Aquellos días en Calcuta fueron un tiempo atareado y exitoso para él. Emprendió muchos viajes, primero a Murshidabad; también viajó a Silhet en Bengala; el soberano de aquel lugar lo había invitado y le había ofrecido una casa y todas las comodidades, para poder viajar por todas partes en la India, bajo la condición que se establecía con ese soberano. Pero Inayat Khan no quería estar apegado a ninguna parte y siempre regresaba a Calcuta y a sus clases de música. Cuando regresó, siempre estaba lleno de historias agradables acerca de sus aventuras, de sus divertidas y felices experiencias con varias personas a las que había conocido en sus numerosas visitas.

El Príncipe de Dacca invitó a Inayat Khan a vivir con él en el Palacio. Cuento esta historia para mostrar algo de la naturaleza de mi hermano. Él rechazó la invitación con muchas palabras de gratitud y fue (como me dijo más tarde) muy divertido acerca de su compañero musical, el tocador de Tablas, que estaba muy enfadado por este rechazo. 'Pero yo soy un derviche', dijo Inayat Khan para alegrar al ofendido artista compañero. ‘Piensa en lo mucho mejor que es ser libre e independiente, sin obligación hacia nadie.’

'Cuando eres un derviche, ¡vete a los Himalayas y vive allí! Pero cuando vives en este mundo, debes aceptar el favor de los príncipes, esto no es más que sentido común’, dijo el tocador de Tablas.

Cuando más tarde llegó una segunda invitación del príncipe, el tocador de Tablas no esperó la respuesta de mi hermano, sino que inmediatamente empezó a empacar su instrumento y sus pertenencias en una carroza, que estaba a disposición de ellos, decidido a no rechazar esta generosa oferta una segunda vez. ‘Ahora puedes ver cuántos puntos de vista diferentes existen’, dijo Inayat Khan, cuando me contó la historia. ‘Aquel amante del lujo y devoto a la comodidad amaba más que todo poder ir al Palacio’.

En Calcuta Inayat Khan tenía una gran variedad de gente en sus lecciones. Un día un Madzub apareció, cuando mi hermano estaba de viajes; vino a nuestra casa con muchos de sus discípulos y guió una discusión sobre la filosofía Sufi y la Vida Interior. Yo tuve el gran privilegio de sentarme al lado de este gran maestro. Me sentí muy feliz y animado de poder escuchar esta conversación sabia. El maestro se volvió muy sediento, era verano.

En la India, la gente tiene mucho más anhelo de agua que de comida estos días calurosos, y nosotros los orientales creemos que es una gran virtud ante Dios ofrecer agua a un ser humano. No sabía qué me movía, pero de repente sentí que el Maestro estaba muy sediento; como si yo hubiera recibido una orden interior para saciar su sed. Ese fue mi sentimiento. De niño, todavía no sabía nada de intuición, pero seguí mi impulso; salí de la reunión y bajé a la tienda, donde alguien me dio limonada, soda y un vaso.

Así que volví a subir las escaleras, preparé un bebida para el maestro y se lo ofrecí de inmediato. Él la tomó y bebió con gran placer - dijo a sus oyentes: ‘¿Sabéis quién es este muchacho?’ Ellos dijeron que no, y el Maestro dijo: ‘Él es el hermano menor de Inayat Khan’.

Su comentario fue una gran alegría para todos. Cuando se habían marchado, el Maestro me dijo: ‘Tú hiciste algo tan maravilloso, ¿cómo sabías que yo tenía tanta sed?’ Le contesté: ‘¿No fue Su orden que yo llevé a cabo?’ Me miró con gran amor, me puso las manos en la cabeza y me bendijo con las palabras: ‘Hijo mío, te bendigo’. Esto estableció un profundo vínculo interior entre mi Maestro y mi humilde yo, y esta profunda impresión permaneció con mi por toda mi vida, y reconozco su valor aún hoy, cada vez más.

Con profundal gratitud, querido Musharaff, para tu trabajo y testimonio.

Cordialmente

Puran

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