Samstag, 16. Juni 2012

Shirvan Bhagat

Historia sufí de la semana

Shirvan Bhagat era muy devoto a sus padres que habían llegado a una edad que les hizo indefensos y por completo dependientes de la ayuda de su  único hijo. Shirvan les amaba tanto que sacrificó toda libertad y placer en la vida en su servicio para ellos. Suavemente escuchó sus deseos y con paciencia aguantó todas los dificultades que encontramos asociados con nuestros ancianos.

Los padres un día dijeron que deseaban profundamente que una vez en su vida podrían irse de peregrinaje a Kashi. Shirvan inmediatamente era de acuerdo con su deseo, y, dado en aquéllos tiempos no había otros recursos, se preparaba para cumplir con el viaje a pie. Fabricó canastas en las que metió sus padres ancianos, y los levantó a sus hombros. Y así se puso en camino, miles de millas, a través de muchas forestas y montañas, cruzando ríos en su camino.

Por meses viajeron así, pero poco antes de llegar a su destino, occurió un infortunio. Shirvan depositó sus canastas y fue a buscar agua, como deseaban sus padres. Cuando se acercó al río una flecha del Raja Dasheratha le golpeó, que era en caza de ciervos y por accidente le había herido gravemente. Escuchando el gemío profundo de un hombre, el Raja se acercó y estaba lleno de remordimientos. Dijo: «Hay algo que puedo hacer para ti, o hombre?»

Shirvan dijo: «Estoy muriendo, y tengo un solo deseo, dar agua a mis padres; tienen sed en el calor del sol.» «Eso es todo?» preguntó el Raja. «Lo haré con mucho gusto, mi primer deber.»

Shirvan dijo: «Si tu quieres hacer algo más, cuídalos bien a ellos, y ayudales para ser llevados hasta Kashi. Aunque dudo que querrían vivir más tiempo después de mi partir.»

El Raja iba a verlos, llevando agua en sus manos. Lo dió a los padres viejos sin decir una palabra, temía que no beberían escuchando la voz de un forastero. Los padres dijeron: «O hijo digno, en toda nuestra vida nunca te hemos visto enojado. Es por primera vez que nos dabas la copa de agua sin una palabra de amor que siempre nos da nueva vida.»

Raja Dasheratha se echó a llorar y les habló de la muerte de su hijo. Escuchando esto, no quisieron beber agua. Solo vivieron del amor de su hijo. Cada uno de ellos daba un suspiro profundo: «Oh, nuestro amado Shirvan,» y pasaron a mejor vida.

Desde entonces esa historia se ha vuelto tradición en India, y hay seguidores de ella que llevan canastas en sus hombros y viajan por el país, enseñando la virtud de devoción y servicio hacía los padres.

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